HISTORIA DE LA CONSTRUCCIÓN NAVAL EN CUBA

Parte 1: La construcción naval en el Siglo XVI.-

Luego del descubrimiento de la isla de Cuba por el Almirante Cristóbal Colón en 1492, quedó abierto, a merced de los conquistadores, el territorio cuyas costas exploró Sebastián de Ocampo, en 1509. Ya en 1510 comenzó la conquista y colonización por los españoles, quienes con Diego Velázquez al frente, a sangre y fuego, fueron estableciéndose en la isla y fundando las primeras villas. Partiendo desde el extremo más oriental y siguiendo la costa sur, la villa de San Cristóbal de la Habana se fundó en una zona cercana al Golfo de Batabanó el 25 de agosto de 1515.
Pero las condiciones insanas del lugar y el poco desarrollo de un tráfico marítimo que se esperaba prosperara por el sur de la isla hicieron que los pocos pobladores del lugar se trasladaran al norte, y se establecieran al sur de una confortable bahía de bolsa bautizada como Puerto Carenas o de Carenas desde el bojeo a la isla por el ilustre marino Don Sebastián de Ocampo, por las excelentes condiciones de sus playas, hoy desaparecidas, para las reparaciones de las naves, que podían fondear y carenar y deslizarse casi sin esfuerzo por suaves pendientes hasta el mar, alcanzando en poco espacio aguas profundas.
El propio Fray Bartolomé de las Casas narró lo que sigue:"...uno de los navíos, o ambos, tuvieron necesidad de darse carena, que es renovalles o remendalles las partes que andan bajo del agua, y ponelles pez y sebo, entraron en el puerto que agora decimos de la Habana, y allí se la dieron por lo que se llamó a aquel puerto Puerto de Carenas. Este puerto es muy bueno y donde pueden caber muchas naos, en el cual yo estuve de los primeros después del Descubrimiento...pocos hay en España, y quizás ni en muchas partes del mundo, que se le iguale."
El Puerto, situado a los 23°08' N y 82°24' W, no era el mayor pero si uno de los más abrigados, accesibles y de buena profundidad, formando una típica bahía de bolsa cuyo interior lo forman tres ensenadas, nombradas en el siglo XVI como: la de Ancón de la Tierra (hoy de Atarés), la de Ancón de la Mar ( hoy Guasabacoa) y la de María Melena (hoy Marimelena).

Al puerto se entra por un canal angosto y largo, lo que favoreció más tarde su propia defensa, y está protegido de los vientos del norte por la Loma de la Cabaña. Con los rellenos, depósitos de sedimentos y otras transformaciones a lo largo de los siglos, ha cambiado la forma, la profundidad y dimensiones, y han desaparecido los arroyos, marismas, manglares y playas de aquel lugar donde se establecieron en búsqueda de prosperidad sus primeros habitantes.

A pesar de tantas dádivas de la naturaleza, que incluían unos extensos bosques de excelente madera, los buques mercantes y de guerra que navegaban por las aguas de estos mares eran, salvo muy raras excepciones, de construcción peninsular. Pero el comienzo de la expansión colonial y las necesidades que imponía la colonización (la creciente navegación entre España y las Indias, y entre los territorios colonizados también), comenzaron a abrir brechas en las ideas y métodos monopolistas de la Casa de Contratación de Sevilla: se hicieron concesiones a las disposiciones y regulaciones que limitaban la actividad privada.

Una de las primeras fue la autorización de 1517 para que los vecinos y comerciantes de la Isla pudiesen hacer navíos para comerciar con La Española, Jamaica y Tierra Firme, lo que fue confirmado por disposición del emperador Carlos V en noviembre de 1518 y un mes más tarde aprobado con la limitación de que no excediesen las cien toneladas, para evitar que los vecinos de la Isla se dedicaran a la conquista de nuevos territorios y no al comercio.

Sin embargo, se hace difícil precisar si se construyeron naves o no en Cuba en aquellos primeros años del siglo XVI, puesto que no existen registros de tal actividad. Aún cuando el bachiller Alonso de Parada en relación enviada al Consejo de Indias en 1527 da por construidas en Santiago de Cuba las armadas que aprestó Diego de Velázquez para el descubrimiento posterior de Yucatán y el inicio de la conquista de México entre 1517 y 1518, la realidad fue que, partiendo del testimonio dejado por los contemporáneos, los barcos de marras fueron comprados o fletados para las armadas de Francisco Hernández de Córdova, Juan de Grijalba y el propio Hernán Cortés. Se deduce de estos testimonios que las naves fueron construidas en España limitándose lo hecho en Santiago de Cuba a aparejarlas, calafatearlas y abastacerlas. Pero que no se hubiesen hecho estas naves no excluye que en la primera mitad del XVI no hubiese una buena maestranza de carpinteros de ribera y calafates en esa ciudad, primer asiento del gobierno colonial en Cuba.

En cuanto a San Cristóbal de la Habana, o simplemente La Habana, trasladado su asiento dos veces en este período y destruida otras tantas por el ataque de corsarios y piratas, es posible que sus habitantes hayan construido algunas naves para la pesca y el cabotaje. Pero de esto no ha quedado constancia, pues no formaron parte de armadas o flotas y los protocolos de los Escribanos es posible se hayan perdido o hayan sido quemados en los ataques a la villa por piratas franceses entre 1538 y 1555. Las primeras Actas Capitulares tuvieron el mismo destino.

La primera referencia a un navío construido en Cuba aparece en el primer libro de Registros de la Casa de Contratación de Sevilla, que comprende los años 1504-1560, donde dice que en 1551 regresó de La Habana la nave San Andrés, de 350 toneladas, de la que era Maestre Juan de Ariste y propietario Juan de Burgos. Y en las Actas Capitulares de La Habana la primera referencia data del 1552, cuando los Señores de Justicia Regidores Andrés Sánchez y Fernando Rojas otorgaron licencia para el corte de madera para la construcción de una barca de descarga para la Veracruz. Sin embargo, tales peticiones no se repitieron en años posteriores.

Antes de que a la Habana se le conociera por sus famosos tabacos comenzó a ser conocida por armadores, marinos y piratas como un magnífico puerto donde se construían buenos barcos. Fueron armadores y constructores de naos los que le dieron nombres a las playas de las riberas del puerto donde tenían sus casas o careneros. Tal fenómeno comenzó a producirse en el siglo XVI.

Indudablemente, la expansión del poder de España en América y el aumento del flujo de riquezas proveniente de las colonias, sumado a la creciente y agresiva actividad de corsarios y piratas, quienes no sólo asaltaban barcos y villas sino también burlaban el monopolio español con la lucrativa actividad del contrabando, llevaron a la monarquía española a tomar serias medidas para proteger sus intereses en el Nuevo Mundo.

Comenzaron a construirse las fortalezas que todavía hoy se yerguen en los puertos principales de los virreinatos y las capitanías de entonces (Cartagena de Indias, Veracruz, San Juan, etc.) En la Habana fue construida la Real Fuerza, luego del ataque del francés Jacques de Sores, el que demostró que era insuficiente la vieja fortaleza que en el mismo lugar existía. Más adelante se construyeron La Punta y el Morro.

Comenzaron además a reunir varias embarcaciones con destino al continente, para que, escoltadas por naves de guerra, pudieran realizar la peligrosa travesía bajo la amenaza de los ataques piratas.

Con la ordenanza de 1561 que estableció el Sistema de Flotas La Habana devino en el puerto estratégico y central de la navegación indiana. Se fijaban las derrotas de las embarcaciones desde los territorios colonizados hacia La Habana, que sería su punto de reunión para partir luego escoltadas por la Armada hacia Sevilla, punto de partida y retorno de las naves de la Carrera de las Indias.

Además, con el nombramiento del marino español Pedro Menéndez de Avilés en 1568 como Gobernador de la Isla y su permanencia más o menos regular en la villa, con su armada de doce galeones agalerados para la salvaguarda de las islas La Española, San Juan y Cuba, se incrementaron notablemente las actividades en el puerto, así como también en los careneros al aumentar las necesidades de reparaciones navales. Creció el número de calafates, carpinteros de ribera, maestros de gálibo y ayudantes y aprendices, quienes no verían su trabajo limitado a la demanda de los particulares para la construcción de pequeños navíos.

Menéndez de Avilés influyó además, y de manera notable, en la construcción naval al concebir la idea de alargar la eslora con relación a la manga de los galeones tradicionales, construyendo varios navíos a los que nombró galeoncetas. Estas naves adquirieron mayor velocidad maniobrabilidad, siendo las precursoras de las fragatas del XVII y adelantando en más de dos siglos el principio a partir del cual se construyeron los clípers norteamericanos del XIX. El propio rey ordenó la construcción de ocho galeoncetas en la bahía de Vizcaya por sus cualidades marineras.

El Gobernador de la Cuba mandó a construir además cuatro fragatas en el astillero de la corona de Cauto Bajo, Bayamo, para asegurar la tranquilidad de las poblaciones costeras amenazadas constantemente por los ataques externos. Estas embarcaciones quedaron terminadas en 1573. Luego, con el llamado de Menéndez de Avilés a España, su sucesor en el gobierno de la Isla , Gabriel de Montalvo, no pudo cumplir la misión que se le encomendó de organizar los cortes de madera para las construcciones navales y fabricar bajeles para sustituir las naves existentes. Cobró de nuevo fuerzas el contrabando con naves extranjeras y la piratería con patente de corso en tiempos de guerra.

Aún cuando los pobladores escribieron al rey solicitando la construcción de naves para que la Armada pudiera protegerlos, y este, en respuesta, pidiera una pormenorizada información acerca de si era posible dicha construcción en los puertos de la colonia, las maderas disponibles, forma posible según características de la zona de navegación, el velamen conveniente, etc., en realidad Montalvo, sin caudales y brazos, bien poco pudo hacer.

En 1579 sólo quedaba en servicio el "San Bartolomé", de los buques mandados a construir por Menéndez de Avilés, en muy malas condiciones, tales que ya no podía dar el viaje a España.

 

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